Una rutina de cuidado debe considerar el tipo de cristal, sus terminaciones y el uso de cada pieza. La referencia principal siempre es la indicación del fabricante para el producto específico, especialmente si incorpora recubrimientos o componentes eléctricos.

Antes de limpiar, identifica el producto
Revisa las instrucciones de cuidado que acompañan al cristal o solicita la ficha correspondiente. No asumas que un mismo limpiador es adecuado para todos los espejos, revestimientos y superficies.
Utiliza únicamente productos y elementos de limpieza compatibles con la terminación. Si no cuentas con esa información, consulta antes de aplicar una sustancia nueva.
Evita el contacto abrasivo y los golpes
Al apoyar o mover objetos sobre una cubierta, evita arrastrarlos. Revisa que las bases no tengan partículas o bordes que puedan marcar la superficie.
Cuida especialmente los cantos y las esquinas frente a golpes. No uses una repisa o cubierta para cargas o usos distintos de los previstos para esa pieza.
Revisa también apoyos y fijaciones
La mantención no se limita a la superficie visible. Observa los apoyos, fijaciones y herrajes, y consulta si notas movimiento, pérdida de estabilidad o un funcionamiento diferente al habitual.
Si detectas una fisura, un canto dañado o una fijación suelta, evita seguir utilizando el elemento hasta contar con una evaluación. No intentes reparar el cristal por tu cuenta.
Ten a mano la información de la compra
Guarda el nombre del producto, sus medidas y las instrucciones entregadas. Esa información facilita solicitar un manual, orientación de cuidado o revisión de una instalación.
Cuando consultes, acompaña la descripción con una fotografía y explica cómo se utiliza la pieza. El equipo podrá indicarte qué antecedentes adicionales necesita.
Da el siguiente paso
Revisa las opciones disponibles o solicita orientación para tu proyecto.
Consultar cuidados del producto